28 de marzo de 2018

Aquel verano de 1867 en Béjar (2ª Parte y final)


Autor: Ignacio Coll Tellechea
Publicado: Revista de Ferias y Fiestas Cámara de Comercio 2017 y http://collcenter.es/aquel-verano-de-1867-en-bejar/

       El 29 de agosto de 1867, los militares decidieron seguir el rastro de los fugados, saliendo el grueso de la tropa en su búsqueda y quedando 70 guardias y tres oficiales como retén en la ciudad. Cuando esto ocurrió, los revolucionarios bejaranos que permanecían en el municipio tocaron las campanas de las iglesias. La llamada surtió efecto, y mientras en las calles se montaban barricadas, la partida de Valle, Guijo y Aniano regresó a la llamada convenida y puso cerco a los militares. Tres horas duró el enfrentamiento, en el que perdieron la vida tres guardias y varios resultaron heridos. Especialmente dificultosa fue la toma de la Iglesia de El Salvador, en cuya torre los uniformados se hicieron fuertes. Para conseguir que se rindieran, los sublevados quemaron pimientos en su base, de forma que la humareda resultante motivó su intoxicación y el abandono de las armas.

        Tras la euforia de aquel mínimo triunfo, los rebeldes se hicieron con el control de la ciudad y se aprestaron a organizar la defensa, sabedores de que un contingente importante de tropas se acercaba para acabar con la insurrección y tomar de nuevo el mando.

      Tenían razones para preocuparse, porque una columna compuesta por más de 1.500 efectivos de los cuerpos de infantería, caballería y artillería estaba a punto de llegar a Béjar, alertada por los sucesos de los días anteriores. Al conocerlo, los rebeldes acumularon armas, en número de unas 400, fortificaron las zonas clave con barricadas y se llegaron a desenrollar varias calles para utilizar las piedras como improvisados proyectiles.

 Tropas Infantería 1863
Imagen sacada de aquí


        Una comisión de ciudadanos, entre la que pudo estar el filósofo Nicomedes Martín Mateos, salió al encuentro de los militares, entrevistándose la noche del 29 al 30 con el brigadier Aguirre en Santibáñez de Béjar. Enterados de que si no se rendían las instrucciones de la tropa era tomar la ciudad por la fuerza y sin condición ninguna, los comisionados regresaron a Béjar, y tras un intenso debate se decidió deponer las armas y acogerse al indulto que se les ofrecía por parte de la autoridad militar.


     Se levantaron las barricadas, y en la mañana del 30 el Ejército entró en la ciudad “sin que se oyera ni un insulto”, cuenta en su relato Muñoz de la Peña. En días posteriores se unió al contingente de Aguirre una segunda columna de infantería y caballería a cuyo mando se encontraba el brigadier O’Ryan, que años después llegó  a ser ministro de la Guerra con Sagasta.

      Terminaba así la semana revolucionaria bejarana que el profesor Mariano Esteban de Vega califica como “el ensayo general del 28 de septiembre de 1868” y que, si bien se saldó con el acuerdo y la ausencia de un enfrentamiento a gran escala, tuvo una serie de consecuencias de interés.

 Regimiento de Lanceros
Imagen sacada de aquí

       La primera de ellas fue el requisamiento del arsenal rebelde por parte de los militares desplegados en la ciudad, que se hicieron con 600 armas, lo que a la larga privaría a los bejaranos de contar con los pertrechos necesarios en los sucesos del 68.

     Respecto al indulto, algunos de los revolucionarios más comprometidos se pusieron a salvo, mientras que otros decidieron acogerse al perdón. Entre estos últimos estaban Domingo Guijo, Vicente Valle, Leoncio Mora, Felipe Benito, Hilario Gómez, Manuel y Pedro Moreno, Lucas y Mariano Talón.

         Cuenta Muñoz de la Peña en Béjar al Vapor que dos alcaldes, Eduardo Aparicio y José Esteban, fueron represaliados por aquellos sucesos. El primero sufrió prisión, y Esteban emigró a Francia para no correr la misma suerte. El mismo camino de la emigración emprendió otro destacado personaje bejarano que también fue alcalde, Vicente Ferrer Vidal.

 Calle 29 de agosto. Béjar

       No fueron los únicos que padecieron consecuencias directas. En Valladolid se abrió un consejo de guerra contra cuatro de los militares que se rindieron en los sucesos del 29 de agosto, en concreto Ramón Cienfuegos González, jefe de carabineros de la Comandancia de Salamanca; los tenientes Francisco Gómez del Castillo Luque y Felipe Fariñas Cabrera, y el alférez de la Guardia Civil Serafín García Sanz. El primero de ellos fue absuelto, siendo condenado a un año de prisión Gómez del Castillo, mientras que los otros dos fueron separados del servicio temporalmente. Declararon como testigos en dicho proceso varios bejaranos, entre ellos Melitón Sánchez, Inocencio Sánchez Cerrudo, Gabriel Anaya, José Antonio Calle y Juan Hernández.

     Para evitar nuevas revueltas, la presencia militar en Béjar se incrementó de forma estable, permaneciendo en la ciudad una parte del Batallón de la Constitución al mando del brigadier Aguirre, que sería relevado más tarde por el Batallón de Cazadores de Llerena.

 Retrato del brigadier O'Ryan 
La Ilustración española y americana Año XXXII. Núm. 23

       Con el invierno se extinguieron los rescoldos revolucionarios. Aniano Gómez fue vigilado y meses después detenido y encarcelado lejos de Béjar. Otros significados ciudadanos fueron investigados, y varios sufrieron las consecuencias directas de su desafección al gobierno. El 7 de diciembre de ese año el diario El Imparcial da cuenta de los ceses de Joaquín Agero como administrador subalterno de rentas estancadas, Valentín Rodríguez como administrador subalterno de bienes nacionales, Inocencio Cerrudo de su puesto como administrador de correos y Bernardo Campo Yagüe como administrador de loterías.


      Aquellos sucesos tuvieron una importancia mayor de la que generalmente se les atribuye, ya que demostraron que los bejaranos estaban preparados para organizar un levantamiento armado en condiciones cuando la ocasión lo requiriera. El Gobierno tomó buena nota, reforzando la presencia militar en la ciudad y siguiendo los pasos de los cabecillas, pero el eco de lo ocurrido traspasó fronteras y llegó al conocimiento de la oposición en el extranjero.

     Un año después, y protagonizado por casi los mismos personajes, aquel amago de insurrección popular cristalizó en uno de los episodios más relevantes de la historia contemporánea bejarana: los sucesos revolucionarios de 1868.

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Nota: Para elaborar este artículo he usado como referencias principales el libro Béjar al Vapor, de Juan Muñoz de la Peña, pero también diversa documentación del archivo municipal, prensa de la época y el expediente del consejo de guerra referido, que permanecía inédito hasta ahora. Dicho documento está accesible en el Archivo General Militar de Segovia, en concreto en la Sección 9, Caja 1403 y expediente 10997.

8 comentarios:

  1. Muy típico de nuestra historia de siempre: aumentar los efectivos militares en las zonas levantiscas sin solucionar las causas que llevaron al levantamiento. Esto lo único que consigue es posponer la revuelta, pero no atajarla desde su raíz.
    Un saludo.

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  2. Bueno, parece que, como se dice por allí, esa noche los bejaranos le vimos las orejas al lobo.
    Un abrazo,

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  3. ·.
    Me ha hecho mucha gracia eso de la quema de los pimientos. Ahora entiendo el motivo, supongo que habrán liberado capsaicina, un principio muy irritante que he tenido la oportunidad de conocer al darme una crema que lo contiene. Pobres soldados...
    Y como siempre, muy interesante.

    Un abrazo

    La Mirada Ausente · & · Cristal Rasgado

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  4. Hola Carmen, la historia de Béjar es de lo más interesante, por lo que nos explicas veo que lo bejaranos no se arredraban ante nada, aunque en este caso las consecuencias no fueran las deseadas.

    Abrazos de Espíritu sin Nombre.

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  5. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  6. Esa noche de revueltas terminó sin refriega alguna, eso sí, un poquino intoxicados.
    Besos.

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  7. La verdadera causa que motivó la revuelta, seguro que ahí quedó en estado latente.
    Una vez que les han requisado las armas, ya nada podían hacer.
    Me alegro de que te hayan gustado las tallas de Gregorio Fernández, es el orgullo de Castilla-León.
    Cariños.
    Kasioles

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  8. Pocas son las revueltas que se ganan pero si que fue ingenioso la quema de los pimientos.
    Un abrazo.

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"No existen más que dos reglas para escribir: tener algo que decir y decirlo." Óscar Wilde.